Iluso casi periodista que aún cree en la profesión y espera hacer algo más que ser un reportero del montón. Por ahora se desquita relatando historia de fútbol para sus amigos.

jueves, octubre 15, 2009

Postales, solo postales

Chile Mundial (6)

No hay nada más que decir, fueron 12 años de penas, escándalos y malas decisiones.

Ayer, los dirigidos de Bielsa cerraron una gran eliminatoria… solo queda dar las gracias y mirar a Sudáfrica…

 

jueves, septiembre 03, 2009

A 20 años del Maracanazo les dejo, nuevamente, la columna, solo es una visión particular, personal.
No pretendo dilucidar lo que, realmente, ocurrió.

SEPTIEMBRE, BRASIL, UN ARQUERO
Pasó otro aniversario del fraude del Maracaná. Nuevamente fue 3 de septiembre, uno de los peores recuerdos que tengo del fútbol. Desde el fondo de mi alma aún está esperanza para que el Congreso se ponga a trabajar, en serio, y saqué una ley que suprima ese día para siempre.

Que día más feo ese, tenía siete años, jugaba al arco y disfrutaba con las atajadas del señor Rojas, quién es el mejor arquero que he visto jugar. La portería con él al frente parecía arco de baby fútbol. ¡Un maestro!

Siempre reconoceré su talento, pero nunca podré perdonarle su actuar ante Brasil. Hizo trizas el sueño de conocerlo mientras era mi héroe.

Patricio Rojas, era compañero de colegio. Él era un afortunado porque su padre era amigo del Cóndor y éste iría as su casa para celebrar su cumpleaños número siete. Sería el invitado de honor. El 5 de septiembre el arquero estaría a dos cuadras de mi hogar, el mismo que vi tantas veces en la TV y al que vi con pena cuando perdimos la final de la Copa América contra Uruguay el 87 en Córdoba.

Dos días después del partido contra los ex - tricampeones del mundo, estaría en vivo y en directo con mí ídolo. Ya tenía mis preguntas hechas: ¿Cómo fue que atajaste ese tiro en Perú para las eliminatorias del 86? ¿Cuál ha sido tu mejor volada? Y le pediría que jugáramos una pichanguita en el patio con el Pato, incluso ya había hablado con mi amigo para que me tirará una pelotita fácil para mi volada de presentación. Estaba todo planeado.

Ese mismo 3 de septiembre, había estado en la casa del Patricio y su papá me confirmó que Rojas venía en dos días más. Luego de esa noticia, pasé a la pieza de mi amigo y nos pusimos a ver las fotos que tenía con el Cóndor y su padre me mostró unos guantes Reuch, que le regaló el arquero. Mis manos tiritaron cuando me los calcé, me sentí el mejor portero del mundo con esos guantes. Hasta ese instante nunca había tenido en mis manos una prenda así, siempre había atajado como lo hacía el mítico “Sapito” Livingstone. Es decir, a manitas peladas. Después de todo, las pelotas de plástico no dolían mucho.

Estaba de guata en el piso del living viendo el partido, con mi abuelo y mis hermanos cuando sucedió el hecho en cuestión. Tengo viva la imagen de esa camiseta número 11 de Fernando Astengo, apuntando hacía el arco donde estaba tendido Roberto Rojas. “Negros conch.....”, dijo mi abuelo y se fue a prender la Cooperativa. Yo quedé de guata como terminando mi manda, rogando para que no le pasará nada al arquero de la Roja y así pudiera estar en la casa de mi amigo. Eso sí, ya tenía resignada la oportunidad de jugar un picado con él.

Al otro día mi amigo fue a darme la mala noticia. “El tío Roberto no vendrá porque está mal”, me dijo.

Lo que pasó después es conocido por todos. Hasta el final le creí. Pasaron años y continué creyendo en él, hasta que vi la foto que sirvió de evidencia. “Yo no quería que su carrera terminé así, pero cuándo vi la foto algo me olía mal” señalaba el fotógrafo de la revista El Gráfico.

Traté de cambiar de espejo, pero no hubo quien se le pareciera. Pato Toledo cortaba centros muy bien, pero se comía goles idiotas en el primer palo. De los extranjero hubo muchos y excelentes, pero no podía ver sus partidos muy a menudo. Michel Preud'homme era bueno, pero jugaba en Bélgica y tenía oportunidad de verlo solo cada cuatro años. Los demás no alcanzaron siquiera a rozar la pasión que sentía por el Cóndor.

A Patricio Rojas, lo dejé de ver después que me cambié de barrio, nunca más supe de él. Yo estuve un buen tiempo sin jugar al arco por bronca. Cuando creí sana la herida que dejó el Maracaná, lo vi en el centro de Santiago. Quedé petrificado, no dije nada pasó por el lado mío en vivo y en directo. Recuerdo que lloré, no sé si por impotencia al verlo ese día cuando ya no era mi ídolo de los tres palos o por alegría porque pude darle mi silencioso y anónimo perdón.

Pasaron cinco largos años desde ese 3 de septiembre cuando lo vi, él estaba más viejo, yo tenía mi primera fractura en un dedo. No jugué a la pelota con él, nunca supe cuál fue su mejor atajada, menos cómo mierda contuvo esa pelota en Perú, pero la sensación que sentí cuando lo vi no sé puede describir. Solo espero que los malditos congresistas lo borren de nuestras memorias ese día, porque al Cóndor y a mí nos tortura cada día.
JM

martes, agosto 25, 2009

SOLUCION GUARANI


La defensa corporativa de los históricos a Macnelly Torres fue notable. En las palabras de Barticciotto, Astengo, Vasconcellos y Espinoza se puede entrever un dejo de lástima hacia el mal momento del 10 albo, como si estuviéramos hablando de una persona con serios problemas de adaptación y al cual hay que ‘mimarlo’ constantemente (¿historia repetida con los conductores del albo?). Al respecto, los dos primeros, ex DTs de Colo Colo, sin duda tienen mucho que decir, lo que permite un análisis distinto del momento del equipo.

Haciendo memoria, hoy volvemos a foja cero en la serie de cuestionamientos que se hicieron a la llegada de Torres. En un comienzo, acompañaba a Cristóbal Jorquera en la creación, hasta que el clamor popular lo situó como un único enganche. Bartticcioto le dio en el gusto y el albo triunfó en el torneo de clausura anterior.

Sin embargo, el cálculo va en la senda de lo dicho por Astengo, y que no representa nada nuevo: “Es un habilitador, pero no un conductor”. Por ende, no es Matías Fernández ni Jorge Valdivia. No rompe líneas ni conductor, es un sólo habilitador.

¿Qué saca Macnelly con bajar a buscar pelotas, para ‘conducir’ al equipo si no lo logrará? ¿Por qué nos esmeramos para que arrastre marcas y driblee a 9 de los 11 contrarios? Al mismo tiempo, ¿por qué siempre es marcado de a dos, incluso hasta tres en todos los partidos?

El mal momento de Colo Colo no es de responsabilidad del colombiano, el tema es de un recambio generacional del que ni Hugo Tocalli, ni los dirigentes son culpables.

Hoy el cuadro albo no recupera la pelota, no anticipa y no copa el mediocampo, sobre todo el defensivo. Meléndez es sobrepasado en velocidad -en Rancagua,
Jorquera, Chuky González y Pupi Vásquez le dieron un toque- y Salcedo empezó con el pie ‘derecho’ este torneo, lo cual redundó en partidos tan malos como contra Audax o Santiago Morning.

Sobre Macnelly Torres, José Domingo Salcedo es vital en el andamiaje colocolino. Cuando el equipo jugaba correctamente, Sanhueza recuperaba atinadamente y soltaba la pelota como un 10 más, mientras que Kalule cubría sus espaldas de forma inteligente y con un gran sentido de espacio. El 10 sólo tenía que correr un par de metros y poner la pelota en el espacio.

Si no se mejora ese aspecto, sobre todo por Salcedo que es el encargado a oxigenar el mediocampo, les aseguro que no habrá Macnelly Torres por este año.

Y Tocalli lo adelantó para el partido contra la UC. Mientras, el público pide a Gerardo Cortes, el trasandino aseguró al guaraní en ese puesto. ¿Será por ratón? No lo creo.




Felipe Gianoni

Periodista

lunes, agosto 17, 2009

TRONCOS

"Pibe, vos no sos Caniggia, ni lo serás jamás”


Siempre termina dentro de la cancha con los 11 titulares. Le pueden traer al mejor jugador del planeta en su puesto, pero éste sucumbirá ante su regularidad y si no funciona, se cambiará de puesto.


El jugador tronco es una extraña criatura dentro de las canchas mundiales. En todos los equipos hay un ejemplar.


Ojo no lo confundan con el paquete, esa maldita creación de los representantes, el Tronco no se vende como un gran jugador. Él sabe que lo suyo es correr y tratar de aportar para el equipo con lo que mejor sabe hacer: sacrificio.


Entre la fauna de los troncos hay un solo aspecto que los diferencia: la trascendencia.


Hay algunos jugadores troncos que quedan en la historia de sus clubes, ganan títulos e incluso son los capitanes de sus planteles. Los menos pasan sin pena ni gloria, nadie reconoce el talento de este jugador, pero siempre, cada vez que los recuerdos se aparecen es el primero en entrar a la cancha.


El tronco mete y corre como pocos, entrega su camiseta sudada a más no poder, lo suyo es el sacrificio. Nunca se siente más que nadie, pero se sabe importante. Su trabajo es absolutamente silencioso. Si queda fuera de los titulares apoya igual y esa es, justamente la gran diferencia con quienes se creen Crack (sabemos que los cracks son seres descendidos directamente de la diestra del señor).


Quien aspira a ser crack grita a los cuatros vientos que “sin él, no juegan a nada”.

En cambio, el tronco callado espera su oportunidad. A él no le gustan los flashes y menos las modelos. Comúnmente, se les ve emparejados con chicas de bajo perfil igual que ellos.


Él es de esos jugadores queridos por los amantes del fútbol, pero de ese fútbol romántico, que respeta la máxima de la columna vertebral de los equipos, para rellenar los puestos con lo que dejó el anterior técnico.


El tronco sabe sus capacidades y nunca intentará hacer algo que no pueda hacer, él no pondrá en riesgo a su equipo. Aunque de vez en cuando se matriculan con goles y jugadas increíbles, que el más talentoso del equipo las quisiera.


A fin de cuentas, el tronco es el único jugador que no puede faltar en el equipo. Se puede tener un equipo solo de estrellas, pero ¿quién pondrá la cuota de humildad? Solo él… solo él.

JM

martes, agosto 11, 2009

CHAMACO


Un gran jugador de fútbol es medido por el talento que desplegó en la cancha y el talento que siguió entregando cuando ya dejó de vestir de corto, y eso hace la gran diferencia entre un crack y un buen jugador.

Francisco Chamaco Valdés fue un crack con todas sus letras. Hace 27 años que se retiró de las canchas y todavía de vez en cuando, se escuchan las historias de sus goles, sus pases al pie, sus tiros libres.

Con solo decir Chamaco se comenzaban a tejer las más grandiosas conversaciones y discusiones. Hoy, cuando ya dejó de lanzar pases de 40 metros, más historias escucharemos, más recuerdos aparecerán.

Como amante del fútbol no puedo pasar por alto, la muerte de Chamaco, uno de los mejores mediocampistas, de los mejores 8’ de la historia del fútbol chileno.

No lo vi jugar. Sí he visto alguno de sus 200 y tantos goles, y puedo detallar las veces que escuché de él. Como los viejos, en la cancha de tierra, contaban lo buen jugador que era Chamaco y que “ese que trajeron no le alcanza ni a los tobillos”.

No comparto esa frase de que “todo tiempo pasado fue mejor”, pero al parecer Chamaco logra un acuerdo nacional en torno a él.

El gran Chamaco, fue el mejor de su especie… esa especie que día a día desaparece de las canchas, ese jugador que trotando en el centro del campo desarmaba a las defensas más cerradas solo con un pelotazo… y eso se llama clase, talento, esa que tanto se extraña en estos tiempos.

JM

jueves, julio 02, 2009

EL AMOR FUTBOLERO


La derrota es uno de los sentimientos más dolorosos para quienes juegan, aman o siguen el fútbol. Hay tantos tipos de derrotas, como hinchas en el fútbol. Lo único cierto es que nadie, por más equipo chico, malo, sin variantes al que uno pertenezca, nadie estará acostumbrado a perder. Siempre está la secreta esperanza de ganar, de torcer la mano al destino y dar el palo al gato.

¡Cuántas veces ofrecí mi alma al diablo a cambio que mi selección hiciera la gracia y llegáramos a la final!

Y ahora, después de 27 años de fútbol, puedo decir que lo único que queda es mi alma, la misma que nadie quiere como moneda de cambio.

Cervezas, camisetas, vergüenzas, borracheras, asados, etc., son parte de las apuestas que he lanzado al ruedo creyendo que puedo cambiar el maldito destino.

Muchos reirán y me dirán que la culpa es de mis amores futboleros, pero qué culpa tiene uno de nacer en determinado barrio y como herencia recibir los colores del club.

Si uno se hiciera hincha por las veces que un equipo levanta copas, no existirían equipos chicos y menos hinchas de verdad, el amor por un club se basaría por un aspecto cuantitativo. Tampoco estas líneas son una defensa a rajatabla, por amar un club incapaz de darme más alegrías que penas, sería caer nuevamente en el aspecto numérico.
He llorado muchas veces, como también he reído a lo bestia por alegrías. Claro está que quien nunca haya sufrido una decepción sabe a qué me refiero y, también, claro está, que -después de leer estas líneas- todos serán hinchas de equipos siempre campeones y poco recordaran sus derrotas.

Sergio Renan, director de cine argentino, enamorado de Racing señaló: “el triunfo y el fracaso solo sirven para decorar estadística, pero la gloria es tal y nadie nos la puede quitar”.

No sé que pasará, probablemente seguiré comiéndome las uñas cada vez que mi equipo salga a la cancha, pero qué importa, no saco nada con explicar, cada uno tiene su explicación para amar a su club y eso es lo que importa.


JM

martes, junio 02, 2009

COMO DARTE LAS GRACIAS JOSE MARCELO



"Su rodilla no da para más”, esa fue la explicación que se deslizó entre sus cercanos. La cuestión es que después de cortos 15 años de carrera, José Marcelo Salas colgó definitivamente los zapatos de fútbol.

El Matador pertenece a esa casta de jugadores capaces de hacer felices a millones con solo tocar la pelota con su exquisita zurda. Una vez escuché: “Zamorano consiguió todo con esfuerzo, Salas lo hizo con clase”, que verdad más potente.

Lo que Marcelo Salas hizo dentro de la cancha es casi imposible explicar. José Marcelo Salas Melinao, es sin duda el mejor delantero de la historia del fútbol chileno, superando a Caszely, Sánchez, Landa, Zamorano y compañía, pero compararlo con otros jugadores es un ejercicio demasiado fácil, por ahora prefiero recordar su talento, su magia, su capacidad para lograr las lágrimas de hinchas y enemigos.

El espadachín de Temuco nació con una estrella que lo hizo distinto, por dónde paseo su zurda asesina provoco admiración. Bautizado Matador esa tarde que vacunó al archirival y con tan sólo 19 años, meses después le dio un título, esperado por más de 25 años, a su equipo de siempre.

Explicar lo que hizo Salas es casi imposible, cómo explicar la categoría de sus goles. Sus corridas por Wembley, el Nacional, el Monumental de River, el Olímpico de Roma o Delle Alpi, no hay caso, Salas siempre hizo lo que quiso y como pocas veces me sentí orgulloso de ver a un jugador como él vistiendo esa casaquilla roja con la estrella en el pecho.

Hace tiempo escuché que “la selección chilena del 98’ era la mezcla perfecta de garra y calidad” y viendo con distancia lo que ocurrió en esa cita mundial no hay dudas que es verdad. Iván Zamorano y compañía entregaban el corazón, el tesón del chileno esforzado, que siempre tuvo que poner el doble para alcanzar lo mínimo para vivir, que sufrió hasta el último día de su vida para ver feliz a su vieja. Y por el otro lado, estaba él, un indiecito de tez blanca, frente arrugada y una zurda temible, aunque no lo parecía. Sí, ese mismo que dejó preguntándose a Cannavaro ¿por dónde cresta cabeceó? O como dijo Pedro Carcuro: “Se subió a una escalera mágica”. Magia, eso es lo que tiene el Matador, magia… podríamos quedarnos en eso, en magia, pero no es la mejor definición de lo que hizo Salas.

“Salas y River campeón, Salas y River Campeón, River Campeón, River Campeón”, escuchamos acá, al otro lado de la cordillera cuándo el shileno pasó a escribir su nombre entre los ídolos del equipo millonario. Sin embargo, no se contentó con eso, sino que siguió dando que hablar. “El fenómeno, el fenómeno, que golazo fenómeno”, gritaban cuando dejaba al portero colombiano del Atlético Nacional metido dentro del arco, mascando pasto, mientras el diablo Monserrat salía detrás de Salas para felicitarlo.

Rodilla al pasto y dedo al cielo, como diciendo “vengo de allá, del cielo, llegué para hacerte feliz”.

Decirte “Gracias Matador” es poco, lo que tendría que agradecer es que tuve la suerte de verte jugar en tu mejor momento, de presenciar frente a la TV y con una cerveza la final de la Supercopa, ante San Paulo y como con la derecha vacunaste a los negros, que no entendían como un chilenito era capaz de poner de rodillas a argentinos y brasileños, los dos dictadores del fútbol.


No sabes cuánto me molestaba cuándo imbéciles sin olfato futbolístico decían que estabas gordo, lento, que ya no sabías con la pelota. Cuántas veces te defendí y eso que tú me hiciste llorar muchas veces, me hiciste morder el polvo, como esa vez, cuando con tu gol (adelantado o no) nos pasaste y me dejaste con el apelativo de segundón para siempre. Aún te recuerdo corriendo con tus mechas tiesas hacía tu barra y gritando desaforado, sabiendo que lograbas un campeonato y, como tantas veces a lo largo de tu carrera, te instalaste en el rincón de los grandes.

¡Qué gol más maldito! Lloré, lloré como nunca.

Cuando tres años después haces lo mismo, pero ahora contra Uruguay, también lloré, pero de alegría. Hiciste la misma corrida, pero esta vez grité como nunca. Te hincaste en el suelo y acompañado por Víctor Hugo, nos abrías la puerta para Francia 98.

Cuántas veces lloré gracias a ti, no todas fueron felices. Ya venías de vuelta, peleabas la final con mi equipo y tú Espadachín nos vacunaste y nos robaste el campeonato invicto. ¡Ay Marcelo! Si algún día te pilló en la calle juro que te preguntaré cómo lo hacías.


Contra Perú… uhhhh, te acuerdas cuando Valerio te tiró una patada de picado, envidioso de no poder contar con un iluminado como tú en su equipo y usted, gigante, de frente tomaste la roja con la estrella en el pecho y se la enrostraste. ¿Sabes lo que decía yo ese mismo momento en el estadio abrazado a un tipo que nunca más en mi vida vi? ¡Vamos al mundial conchesumare, vamos al mundial! Cuando nuevamente volvía a botar lágrimas de hombre feliz.

Marcelo nunca podré terminar de agradecerte lo que hiciste por este idiota por la pelota. “Saben ustedes aún no dimensionan lo que es Marcelo Salas para el fútbol chileno”, dije con un tono filosófico hace unos días a unos pendejos, quienes a pesar de Internet y la tecnología, no saben nada de fútbol y se quedan en su exitismo de hincha imbécil.

No sabes cuánto me hubiese gustado verte con la casaquilla de mi equipo, sé que era imposible, tendríamos que haber nacido de nuevo los dos para que esto ocurriera, pero que va, al menos compartimos la nacionalidad, ambos sabemos que esa bandera provocaba las mismas sensaciones a los dos. Si para ese mundial parecíamos un coro de quince millones de personas y las lágrimas aparecían de nuevo.

El poeta del gol, así te decían en Roma, cuándo un imbécil sueco no te quería mucho y aún así te mandaste quince pepas, y eso que te hacía jugar bien lejos del área, aunque conocías el puesto, porque muy pocos saben que tú empezaste de 10, pero te enseñaron a celebrar los goles y no celebrar los de otros, una vez que empezaste no paraste más y Erikkson pudo ponerte de arquero y aún así harías goles como bestia.

Tu calidad se notaba más y eso, que cuando volviste a Sudamérica, ya no jugabas tanto. Ese gol a Liga Deportiva por la Libertadores. Qué golazo mierda!!!

Vi tú último partido, fue una cosa rara. Con mi hermano chuncho como pocos, decidimos ir a verte. Sentíamos en el ambiente que pasaría algo y claro que pasó. Dos pepas, una demostrando que te pueden tirar una piedra, pero igual te encargarías de pararla de pecho y marcar el gol. El segundo, solo fue fortuna, pero había que estar ahí y eso lo hacen pocos.

Ahora estoy en el Nacional, tú casa, despidiéndote para siempre de las canchas. Adiós y muchas gracias don José Marcelo, pero antes, antes de que te pierdas para siempre por esa escalera en la que muchas veces subiste para vacunar rivales, quiero que me digas: ¿Cómo puedo agradecerte?

Explícame cómo darte las gracias por todo José Marcelo Salas Melinao.




JM